D041 Protección de Jerusalén
Se resuelve, con la aprobación de la Cámara de Obispos,
Que la 79ª Convención General de la Iglesia Episcopal, en solidaridad con los jefes de las comunidades cristianas de Jerusalén, condene la acción unilateral del Presidente de los Estados Unidos de trasladar la Embajada de los Estados Unidos de Tel Aviv a Jerusalén, por considerarla una grave violación del Derecho Internacional y del consenso internacional de larga data; la ubicación de la Embajada en Jerusalén perjudica la identidad única de Jerusalén como ciudad santa de las tres religiones abrahámicas y es hostil a los palestinos cristianos y musulmanes residentes en la ciudad; y que además
Resuelve que la Convención General reafirme su convicción de que Jerusalén es una ciudad santa universal sin privilegios concedidos a ninguna fe o tradición secular sobre otra; que todos los lugares santos de la ciudad deben ser igualmente protegidos y accesibles a todos los adeptos; y que el estatus de la ciudad como comunidad para todos los cristianos, musulmanes y judíos debe ser honrado; y que además
Resuélvase que, dado que la Convención General considera que la crisis a la que se enfrenta Jerusalén es un asunto de urgente importancia para la fe y el patrimonio de todos los miembros de la Iglesia, se realicen esfuerzos especiales para informar a los miembros de la Iglesia de las resoluciones anteriores de la Convención General y para educarlos en cuanto al prolongado conflicto que ha llevado a la Ciudad Santa a este punto; y sea además
Seresuelve que la Convención General inste a la Cámara de Obispos a difundir, tan pronto como sea posible, una Carta Pastoral que explique la naturaleza profética de la posición de la Iglesia sobre el estatus de Jerusalén, y anime al estudio, la reflexión y la acción de todos los episcopales para apoyar la identidad profética de Jerusalén como Ciudad Santa de la Paz.
Explicación
El traslado de la embajada de Estados Unidos en Israel de Tel Aviv a Jerusalén en mayo de 2018 fue una acción en contradicción y oposición a 70 años de práctica internacional y política estadounidense. La Iglesia Episcopal debería sumar su voz a una desaprobación internacional casi universal del traslado. Además, los Patriarcas y jefes de las comunidades cristianas de Jerusalén se opusieron unánimemente a la mudanza como un respaldo a la inevitable reivindicación de la soberanía única sobre la totalidad de la Ciudad de Jerusalén, lo que sería inimaginable para los residentes cristianos y musulmanes de la ciudad. La Iglesia Episcopal siempre ha rechazado la afirmación unilateral de la pretensión de soberanía de Israel sobre toda Jerusalén, incluso mediante declaraciones formales de la Convención General que se remontan al menos a 1979, así como en posiciones adoptadas por el Consejo Ejecutivo. Además, el traslado de la embajada se suma a la creciente sensación de peligro y amenaza de desplazamiento de los residentes no judíos de la ciudad, ya patente en la revocación de los derechos de residencia de miles de palestinos, la apropiación de viviendas palestinas, el establecimiento de nuevos asentamientos exclusivamente judíos en la ciudad y la frecuente restricción del acceso de musulmanes y cristianos a los lugares sagrados. Desde el Plan de Partición de las Naciones Unidas de 1947, el mantenimiento de Jerusalén como ciudad internacional perteneciente a todos los credos ha sido un eje de la resolución del conflicto israelo-palestino. El traslado de la embajada estadounidense y las mencionadas acciones hostiles del Estado de Israel amenazan ese estatus y reducen aún más las ya frágiles perspectivas de una resolución justa y pacífica. Otra preocupación primordial es el daño que podría causarse al carácter profético de Jerusalén como Ciudad Santa de Dios, la única expresión física, social y espiritual de la voluntad divina de paz y armonía entre todos los hijos de Dios: judíos, cristianos, musulmanes y todos los demás, incluidos los hombres y mujeres seculares. Para que la resolución sea eficaz, es esencial que los episcopales en general la entiendan y la hagan suya como una cuestión de profunda preocupación. Para ello, la Resolución insta a la Cámara de Obispos a emitir una Carta Pastoral que explique la naturaleza profética de la posición de la Iglesia sobre Jerusalén y anime al estudio, la reflexión y la acción de todos los episcopales para apoyar la identidad profética de Jerusalén como Ciudad Santa de la Paz.